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jueves, 9 de diciembre de 2010

SOCIEDAD LAICA

Con motivo de la visita del Papa a Santiago y Barcelona, ha vuelto a tomar impulso el debate sobre la laicidad del Estado. Como casi siempre, es un debate sobre los símbolos religiosos, sobre si la visita debería haber sido de esta o aquella manera, sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado... Incluso, de forma más que penosa, se ha discutido si la visita ha sido o no un buen negocio económico. Sin embargo, casi nunca se habla de algo mucho más importante, de la necesidad de aprender a ser una sociedad laica.

Algunos piensan que una sociedad laica es aquella donde se excluye lo religioso de la vida pública, porque eso, dicen, es sólo un asunto privado. Se equivocan. Una sociedad laica es otra cosa. Es una sociedad donde se respeta seriamente la libertad de conciencia de cada persona, no se intenta imponer ninguna ideología ni confesión religiosa, y se hace posible que todos podamos construir nuestra vida desde las creencias y convicciones que consideremos, sean estas religiosas o no. Por eso, en una sociedad laica, las creencias, tanto las religiosas como las que no lo son, tienen lugar en el espacio público, pueden manifestarse, comunicarse, dialogarse...

Porque algo fundamental en una sociedad laica es la convicción profunda de que la diversidad y la pluralidad son un bien para las personas y para la sociedad. Porque nadie estamos en posesión absoluta de la verdad (aunque todos tienen derecho a estar convencidos de la verdad de sus creencias y a proponerlas a los demás) y necesitamos de los otros para crecer en humanidad.

Por eso, en una sociedad laica necesitamos aprender a convivir y buscar construir juntos desde la diversidad y desde la tolerancia, que no es indiferencia ante las creencias de los otros, sino tomarlas en serio para descubrir qué nos pueden aportar. Eso significa dialogar, escuchando a los otros. Lo cual sólo es posible socialmente en la vida pública. Todos, creyentes o no, tenemos cosas que aportar y aportarnos para avanzar en la afirmación práctica de la dignidad humana, en justicia y lucha contra la pobreza, en cuidado de la naturaleza, en dar sentido a la vida personal y social..., cosas que sí son de verdad importantes. Por eso el diálogo es esencial para ser una sociedad laica. 
¿Por qué no comenzamos a situar el debate en este terreno?

Francisco Porcar, en la revista ¡Tú!, nº 126, Diciembre 2010.

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