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jueves, 21 de julio de 2011

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE...

Hoy quiero compartir con vosotros esta reflexión de Carmen, que leo en la comunidad virtual de profesores a la que pertenezco (www.profesoradodereligion.com). Como vosotros no podéis acceder  a esta página sin estar registrados y me parece tan interesante el post, me atrevo a copiarla literalmente en mi blog, para que llegue a más gente y así ayudaros pensar un poco sobre nuestra querida realidad eclesial. Ahí va:

EL HABITO NO HACE AL MONJE. ESO SÍ, A LA MONJA TAMPOCO.

Soy una mujer,  religiosa de vida activa y que actualmente vivo la misión de mi Congregación en un colegio de una gran ciudad de España. Mi reflexión en voz alta es sobre algo que me ha hecho pensar, dudar e incluso me ha dolido como parte y miembro de la Iglesia, de mi Iglesia de la que formo parte y en la que vivo desde que he nacido, pero de una forma más comprometida desde que profesé como religiosa.

Dicen que: “El hábito no hace al monje” y yo añadiría que tampoco a la monja. Pero parece que este dicho no es  aceptado o incluso respetado por parte de la jerarquía de la Iglesia.
La organización de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) prohíbe a las monjas que van vestidas de calle el acceso al encuentro que las jóvenes hermanas van a mantener con Benedicto XVI el día 19 de agosto en El Escorial. No se enteran  o no se quieren enterar, que la reforma conciliar permitió quitarse el hábito con todas las bendiciones eclesiales hace ya más de 40 años. Pero, ahora, La circular publicada en la web de la JMJ reza así: "Las postulantes, las novicias y las profesas, para poder participar, tendrán que llevar su respectivo hábito". Ha habido quejas, cartas, reclamaciones, súplicas…pero los organizadores y el cardenal de Madrid, Rouco Varela, máximo responsable de la diócesis y del evento, no se enteran.
En España hay más de 54.000 monjas. La mayoría de ellas, especialmente las de vida activa (dedicadas a la enseñanza como la mía, a la sanidad, atención a los pobres y demás carismas) vamos "de calle", como solemos decir desde hace mucho tiempo, no entro en motivos si son pastorales, de seguridad, para evitar privilegios en según qué ambientes… sólo que hace más de 40 años que algunas religiosas, no llevan habito.

Una hermana salesiana que hizo patente su malestar a la organización del encuentro con el Papa,  subrayó  que respeta a las religiosas que van de hábito, porque "son un signo visible en medio de una sociedad secularizada, pero nosotras no somos menos por no llevarlo". Y, por si no queda claro, lo explica: "A través de nuestras obras y palabras igual que Jesús, somos también un signo de la presencia cercana de Dios en medio de los jóvenes más pobres. Y eso es lo que realmente cuenta". Esto es lo que deberíamos ser todas las hermanas, con hábito y sin habito, pero todas seguidoras de Jesús y por tanto, presencia suya en el mundo, faltaría más que por no llevar habito no testimoniáramos a la VIDA, al AMOR, al SOLIDARIO, al que pasó haciendo el bien…
Es una pena, un dolor que se nos clasifique así en la Iglesia, pero poco más podemos esperar de algunos llamados “padres” que  ante la solicitud de participar en el encuentro sin el habito, le responden desde la misma organización : "En el ordenamiento vigente en la Iglesia los miembros de institutos religiosos deben llevar hábito". Y especifican: "El hábito religioso sea uniforme para todo el Instituto. Está admitido el pluralismo en la tela y en el color (negro-gris-blanco), según las exigencias de los lugares".
Y, tras invocar "el amor que profesas al Santo Padre por los deseos que se adivinan en querer participar en algún encuentro con él", la JMJ se reafirma en la obligatoriedad del hábito talar. Y concluye: "Esperamos que bien lo puedas comprender y verás la experiencia gozosa de esta manifestación pública de lo que significa en el mundo la vida consagrada religiosa, también en el modo de identificarse en una sociedad con tantos signos de secularismo".
Según esta postura, esta respuesta tan inamovible, yo quiero pensar que para este sector de la Iglesia, los años no han pasado y siguen anclados en más de 40 años atrás, es una verdadera pena, así nunca seremos testimonio de nada y los miembros de la Iglesia seremos motivo de que se hable de nosotros, pero quizá no de forma positiva y testimonial como debe ser por todo lo que los religiosos aportamos a la vida secular, a la sociedad, al mundo entero, y nos perdemos en pequeñeces de un vestido u otro.
Eso sí, para dicho encuentro y su organización, las religiosas sin habito trabajaremos para que todo salga bien, dejamos nuestras casas, colegios, gimnasios, Iglesias, comunidades… para acoger, dar comida, espacio para rezar, dormir… a tantos y tantos jóvenes que participaran de dicho encuentro y lo haremos sin habito, pero eso sí, de forma desinteresada, solidariamente… y con mucho amor y cariño,  a la Iglesia y como no,  al Papa y a lo que representa, aunque no podamos participar de dicho encuentro en el recinto con él y  con las religiosas que vistan habito.

CARMEN ALBEROLA RIBERA
51 AÑOS DE VIDA, DE ELLOS, 30 COMO RELIGIOSA


viernes, 1 de julio de 2011

VACACIONES, BENDITAS VACACIONES

Hace unos días que acabaron las clases. Las aulas quedaron vacías y cuadernos, libros, trabajos ya quedaron atrás. Antes de despedirnos, una sencilla palabra ya revoloteaba entre nosotros. A veces como un susurro, vacaciones. Otras, como un suspiro, vacaciones. Y, por fin, con el cálido sol de junio, ¡vacaciones para todos! 

Pero ¿Qué entendemos por vacaciones? ¿Descanso? ¿Consumo? ¿Viajes?

Algunos se pueden plantear la vacaciones como un merecido descanso, tras unos meses de esfuerzo dedicados a las tareas escolares. Y así, a veces creen que descansar es no hacer nada, pasar las horas muertas tirados en el sofá, o dormitar como los lagartos al sol.


También puede ser que sea para otros un tiempo de consumo. Así, en tiempo de verano se consumen juegos, cine, ropa, libros, copas, música, discoteca, piscina, más ropa... Si te fijas un poco, la sociedad nos invita especialmente en este tiempo al consumo. Llegan las rebajas y... ¿quién se resiste?


Para otros, vacaciones es sinónimo de viajar y a ello se dedican especialmente. Van continuamente de un lugar para otro. Llegan a casa, ponen una lavadora, vuelven a empacar y otra vez de viaje:  maleta, beso, tren, paisaje, mochila, bici, pueblo, coche, arena, toalla, maleta, beso...



 ¿Y cómo podemos plantearnos, entonces, este tiempo de vacaciones?

En primer lugar, es tiempo para estar con uno mismo. Viajar hasta la profundidad de uno mismo es gratis y puede sorprenderte. Puedes aprovechar para plantearte la cuestión sobre quién eres y quién quieres ser. Para plantearte con serenidad si los caminos que vas eligiendo en tu vida son los que quieres transitar realmente. Para hacer proyectos y renovar ilusiones.



En segundo lugar, es tiempo para estar con los demás. Para cuidar las relaciones familiares. Para estar más con los amigos, más tiempo y mejor aprovechado. Porque no hay horarios que cumplir y puedes dedicarte a saborear una conversación. Puedes aprovechar para llamar a los amigos que están lejos, o a familiares a los que no ves asiduamente. Interesarte sinceramente por ellos, echar un rato o unos días, o ayudarles en alguna tarea que tengan entre manos. Cuidar del otro y conocerle más a fondo te puede dar muchas satisfacciones.


En tercer lugar, si eres creyente, es tiempo para estar más con Dios. Prueba a respirar profundamente y dejar que Él te invada con todo su amor. Dedica un instante a agradecer la puesta de sol. Siente sus caricias en la brisa fresca de la mañana. Atrévete a leer los Evangelios, si no lo has hecho nunca. O, simplemente, piensa en Él. Dedica unos pocos minutos al día a esta tarea. Te puede hacer muy feliz.