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miércoles, 30 de mayo de 2012

CARTA DE NUESTRO ARZOBISPO A LOS PADRES CATÓLICOS ANTE LA MATRICULACIÓN DE LOS HIJOS EN EL COLEGIO


Queridos alumnos, queridos padres de alumnos, queridos amigos:

A continuación reproduzco la carta que nuestro Arzobispo de Mérida-Badajoz, Santiago García Aracil, ha escrito al estar próximas las fechas de matriculación en los colegios.

Es importante recordar a los padres su responsabilidad en todo lo que respecta a la educación de niños y jóvenes.

Pero también es necesario, dada la situación que estamos viviendo, recordar que la clase de Religión Católica es un derecho constitucional, que a veces, desgraciadamente, se ve conculcado en la realidad concreta de muchos centros educativos, que ponen trabas a la hora de formalizar la matrícula.



Y no digo más, que nuestro arzobispo lo dice todo. El subrayado es mío:

¡ATENCIÓN! ES MUY IMPORTANTE

Carta a los padres católicos ante la matriculación de los hijos en el colegio

Si no tuviera gran importancia lo que deseo deciros, no os molestaría escribiéndoos esta carta. Pero, me voy a referir a la educación de los hijos que es asunto crucial para los padres y para los hijos.

¿Hay algo de mayor utilidad para el futuro de los hijos que una buena educación? ¿Pueden ofrecer los padres a los hijos algo más importante que una educación integral y suficiente, que les capacite para orientar su vida por el camino de la verdad y del bien? He oído decir a muchos padres, con gran acierto por su parte, que la herencia mejor que pueden dejar a los hijos es una buena educación para que puedan valerse en la vida, sin perderse y sin cometer errores que no tienen solución. Para ayudaros en este empeño me dirijo a vosotros ahora por escrito.

1. LO QUE PRETENDO CON ESTA CARTA

No os voy a cansar ahora con excesivas reflexiones en torno a la importancia de la educación; tampoco me entretendré insistiendo sobre los requisitos fundamentales de una educación completa en la infancia, en la adolescencia y en la juventud. Sólo quiero deciros, que comparto con vosotros la preocupación por una educación que les prepare como hombres y mujeres capaces de ocupar, el día de mañana, un puesto de trabajo y vivir siempre con dignidad.

Supongo que también estaremos de acuerdo en que más importante que la simple educación para ocupar un lugar digno en la sociedad es que, con la educación recibida, lleguen a ser personas de bien, honradas, cumplidoras de su deber, honestas en su comportamiento familiar y social; que mantengan la inteligencia y el corazón abiertos más allá de lo terreno, de lo material y de lo que se cotiza en la cultura dominante y en amplios sectores sociales abocados a lo inmediato y a lo terreno.

2.- ¿POR QUÉ PRETENDER ESTO?

Para llegar a la madurez humana a que me estoy refiriendo, cuya semilla y primer desarrollo pueden alcanzar todos a través de los años de escolaridad, es necesario cultivar el cuerpo y el alma, la inteligencia y la voluntad, la sensibilidad personal para saber disfrutar legítimamente de la vida, y la dimensión social que nos permite acertar en las relaciones interpersonales tanto en el interior de la familia como entre los compañeros y con los mayores. Pero todo ello no se opone a la educación fundamental del alma que es el descubrimiento y el cultivo de la dimensión religiosa. Debe favorecerlo. Todos venimos de Dios y a Dios vamos. Él es el dueño de nuestra existencia y el único que la puede colmar con la felicidad eterna.

Si a la persona le falta el cultivo de esta dimensión, con la que Dios ha enriquecido a todos los hombres y mujeres desde el comienzo de su vida, queda muy incompleta. Le resultará muy difícil encontrar el sentido de la vida por encima de las alegrías y las penas, de la salud y de la enfermedad, de los momentos buenos, de los trances difíciles y de las circunstancias adversas.

Para vivir con esta amplitud de miras y gozar el verdadero sentido de todo cuanto nos acontece y de todo lo que debemos buscar, contamos con la mayor ayuda posible: el Señor de cielos y tierra que se nos ha manifestado en Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Por ello, para ser un hombre completo en todas las dimensiones de la vida, en todas las edades y en todos los tiempos, es decisiva la educación cristiana.

 
3.- ALGUNAS DIFICULTADES PARA ALCANZAR ESTA EDUCACIÓN

Sé que la religiosidad es olvidada o descuidada por muchos, e incluso combatida por otros valiéndose de todos los medios a su alcance, no siempre del todo correctos. Comprendo que ello crea un ambiente que dificulta en muchos niños, jóvenes y mayores prestar a la educación cristiana toda la atención que merece. Por ello es necesario que ayudemos a esas personas que, de un modo u otro, se oponen a la educación cristiana o la dificultan, para que un día descubran y alcancen la riqueza espiritual que, para la vida, supone el conocimiento y el seguimiento de Jesucristo. Y, sobre todo, es absolutamente imprescindible que los padres cristianos garanticen, para sus hijos, una educación completa que incluya la necesaria formación cristiana.

4.- SENTIDO DE LA CLASE DE RELIGIÓN CATÓLICA

La educación completa o integral, con un sentido cristiano en todas las dimensiones de la persona y en todos los aspectos de la vida, es lo que la Iglesia pretende ofrecer, junto con la catequesis, mediante la clase de Religión Católica. Tan importante es esto, que constituye un derecho de la persona reconocido en la misma Constitución española, carta magna de la ordenación social de nuestro pueblo y, por supuesto, claramente expresado en los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español que tienen rango de ley.

5.- LA CLASE DE RELIGIÓN ES UN DERECHO DE LIBRE ELECCIÓN

No sería justo que os ocultara mi gran preocupación por garantizar este derecho de vuestros hijos, tan valioso para orientar su vida. Os comunico esta preocupación porque forma parte de vuestras libres decisiones en favor de los hijos pedir expresamente que sean matriculados en la clase de Religión Católica; sobre todo si cursan sus estudios en colegios públicos que, por definición, son aconfesionales. Estas instituciones educativas, necesarias en la sociedad democrática, acogen alumnos de todas las creencias e ideologías; cosa que me parece muy bien para educar en un sentido democrático. Igualmente corresponde a una sociedad democrática y plural que existan colegios de iniciativa social que puedan educar completamente de acuerdo con las directrices propias de una religión concreta. Esa es la razón de la pluralidad educativa que es una de las libertades fundamentales en cuya consecución debemos empeñarnos y saber esperar.

No obstante, como hay circunstancias y lugares donde no se facilita claramente la libre elección de los padres en favor de la educación que desean para sus hijos, quiero insistiros en la atención que debéis poner cuando vayáis a matricular a vuestros hijos para un nuevo período escolar.

6.- ALGUNOS ASPECTOS A TENER MUY EN CUENTA

Sería necesario recurrir a falacias, a equívocos, o a intolerables arbitrariedades para que pareciera justificado el incumplimiento de las exigencias legales en este punto; o para demostrar la legitimidad de las acciones que, algunas veces, obstaculizan o dificultan el derecho de los padres a garantizar, en cualquier colegio público, la educación católica libremente solicitada para sus hijos.

La legislación vigente determina que es obligación indeclinable del Colegio ofrecer explícitamente la clase de religión en el momento de la matrícula. Corresponde a los padres, o a los alumnos capacitados para ello, aceptarla o rechazarla.




7.- EL PROFESOR Y EL PROGRAMA DE LA CLASE DE RELIGIÓN

La programación ha de obedecer a lo establecido por la Conferencia Episcopal Española. Esta responsabilidad corresponde a la Jerarquía de la Iglesia en razón de los contenidos que deben transmitirse.


La titulación de los profesores está definida por la legislación civil. No obstante, como el ejercicio de la enseñanza religiosa católica es una responsabilidad de los Pastores de la Iglesia, corresponde a los Obispos establecer la formación específica de los profesores, y sus condiciones morales, que deben acompañar a la titulación oficial básica. Solo entonces los candidatos a profesores de Religión Católica podrán recibir de su Obispo la misión canónica imprescindible para desempeñar esta función en nombre de la Iglesia.


Todo ello, teóricamente considerado, obedece a la lógica interna de los contenidos a transmitir y a la necesaria coherencia personal del profesor con las verdades doctrinales y morales propias de la materia que se imparte. A nadie escapan las inevitables repercusiones del mal ejemplo e incluso del escándalo que puedan causar en el alumno las incoherencias del profesor.

8.- ALGUNAS IRREGULARIDADES EN LA MATRICULACIÓN DE LOS ALUMNOS

Hay problemas que derivan de algunos procedimientos irregulares constatados, a veces, a la hora de realizar la matrícula en cada curso. Aduzco algunos ejemplos.

8.1.-Es injusto que el Colegio omita la oferta explícita de la clase de Religión Católica y prive de ella al alumno aprovechando el silencio, quizá olvidadizo, de los padres a la hora de solicitarla.

8.2.- Cuando los padres la piden expresamente, no es honesto que el Colegio presente dificultades diciendo que son muy pocos o casi ninguno los que eligieron esta asignatura. Con esa forma de proceder se hace temer a los padres que su hijo puede sufrir consecuencias negativas en el Centro y entre los compañeros por haberse significado pretendiendo aquello que los demás rechazan.

8.3.- Es igualmente ilegítimo decir a los padres que, en caso de no cursar la asignatura de Religión Católica, no obligatoria en el plan de estudios, el niño dispondrá de un tiempo dedicado a repasar las asignaturas obligatorias que le ofrecen mayor dificultad.

8.4.- Tampoco sería juego limpio por parte del Colegio ofrecer como alternativa a la clase de Religión Católica un tiempo de recreo. Entiendo que esta forma de actuar, además de ser contraria a la ley vigente, supone una falta de respeto al niño. Se le aparta de un derecho importante para su educación integral, tentándole hacia el abandono de una opción legítima a base de ofrecerle alternativas más fáciles e instintivamente más atractivas.

Esta forma de actuar da a entender que el responsable de esa oferta engañosa desconoce la psicología del niño y del adolescente; a no ser que se actúe así precisamente porque conoce la reacción que, de modo espontáneo, adoptará el niño abandonando la educación católica a cambio de la cómoda satisfacción de un gusto personal generalizado en los niños.

8.5.- En la misma línea equivocada e injusta estaría la estrategia de poner la clase de religión a primera o a última hora del período escolar de cada día. Ello requiere un especial interés del niño, sobre todo en el caso de que a los demás compañeros se les permitiera llegar una hora más tarde o salir una hora más pronto. Estas formas de actuar deterioran la fiabilidad de las personas que integran el centro educativo. Esta, como otras formas de proceder no están lejos de lo que podría considerarse una manipulación poco ética.

En todos los casos referidos a título de ejemplo quedaría manifiesto que la actitud del Colegio no sería coherente con la identidad y misión que deben caracterizarle. Toda institución educativa tiene como primera misión abrir a la verdad, promover la justicia, enseñar el respeto a los derechos ajenos, y no impedir que los alumnos conozcan y puedan cultivar su dimensión trascendente.

9.- UNA CLARIFICACIÓN OPORTUNA

Con este escrito no quiero poner en tela de juicio la calidad y honestidad de los Colegios a los que me estoy refiriendo. No quiero sembrar tampoco sospechas generalizadas en contra de la fiabilidad que merecen dichas instituciones y las personas que las integran. No obstante, no aludir a estas formas incorrectas de actuar, que han sido constatadas en algunos centros educativos, indicaría un ingenuo desconocimiento de casos reales, no siempre esporádicos y, en cualquier caso, gravemente improcedentes. Y, sobre todo, faltaríamos a la obligación de velar en favor de los derechos naturales y legales de los padres y de los niños.

10.- UNA PALABRA DE ÁNIMO

Quiero animar a los padres a que se informen debidamente del funcionamiento de los colegios a los que confían la educación de sus hijos; a que sean conscientes del derecho legal que les asiste, y de las consecuencias que, para la educación de los hijos, se derivan cuando estos derechos no se respetan. De la educación que se imparta a los niños y adolescentes dependerá, en un futuro muy próximo, y quizás en el presente, el cultivo de su equilibrio personal que tanto preocupa a los padres de cara al futuro de sus hijos.

Santiago García Aracil

Arzobispo de Mérida-Badajoz


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