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viernes, 1 de julio de 2011

VACACIONES, BENDITAS VACACIONES

Hace unos días que acabaron las clases. Las aulas quedaron vacías y cuadernos, libros, trabajos ya quedaron atrás. Antes de despedirnos, una sencilla palabra ya revoloteaba entre nosotros. A veces como un susurro, vacaciones. Otras, como un suspiro, vacaciones. Y, por fin, con el cálido sol de junio, ¡vacaciones para todos! 

Pero ¿Qué entendemos por vacaciones? ¿Descanso? ¿Consumo? ¿Viajes?

Algunos se pueden plantear la vacaciones como un merecido descanso, tras unos meses de esfuerzo dedicados a las tareas escolares. Y así, a veces creen que descansar es no hacer nada, pasar las horas muertas tirados en el sofá, o dormitar como los lagartos al sol.


También puede ser que sea para otros un tiempo de consumo. Así, en tiempo de verano se consumen juegos, cine, ropa, libros, copas, música, discoteca, piscina, más ropa... Si te fijas un poco, la sociedad nos invita especialmente en este tiempo al consumo. Llegan las rebajas y... ¿quién se resiste?


Para otros, vacaciones es sinónimo de viajar y a ello se dedican especialmente. Van continuamente de un lugar para otro. Llegan a casa, ponen una lavadora, vuelven a empacar y otra vez de viaje:  maleta, beso, tren, paisaje, mochila, bici, pueblo, coche, arena, toalla, maleta, beso...



 ¿Y cómo podemos plantearnos, entonces, este tiempo de vacaciones?

En primer lugar, es tiempo para estar con uno mismo. Viajar hasta la profundidad de uno mismo es gratis y puede sorprenderte. Puedes aprovechar para plantearte la cuestión sobre quién eres y quién quieres ser. Para plantearte con serenidad si los caminos que vas eligiendo en tu vida son los que quieres transitar realmente. Para hacer proyectos y renovar ilusiones.



En segundo lugar, es tiempo para estar con los demás. Para cuidar las relaciones familiares. Para estar más con los amigos, más tiempo y mejor aprovechado. Porque no hay horarios que cumplir y puedes dedicarte a saborear una conversación. Puedes aprovechar para llamar a los amigos que están lejos, o a familiares a los que no ves asiduamente. Interesarte sinceramente por ellos, echar un rato o unos días, o ayudarles en alguna tarea que tengan entre manos. Cuidar del otro y conocerle más a fondo te puede dar muchas satisfacciones.


En tercer lugar, si eres creyente, es tiempo para estar más con Dios. Prueba a respirar profundamente y dejar que Él te invada con todo su amor. Dedica un instante a agradecer la puesta de sol. Siente sus caricias en la brisa fresca de la mañana. Atrévete a leer los Evangelios, si no lo has hecho nunca. O, simplemente, piensa en Él. Dedica unos pocos minutos al día a esta tarea. Te puede hacer muy feliz.

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